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Históricamente,
los programas de desarrollo de tecnología realizados por la NASA
han sido una inversión excelente en América. Al finalizar el siglo XX
existe una visión creciente con la imagen de
Marte sobre el borde de nuestra capacidad tecnológica. La
realización de esta ambición, así como otros proyectos de
ciencia espaciales, indudablemente sería como un estandarte de
las posibilidades tecnológicas de nuestra civilización.
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Los
materiales extraídos, procesado, almacenado y usado de
otros planetas pueden reducir la cantidad de propulsor
requerido y aumentar la fiabilidad de agua y airear sistemas
de recuperación.
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Los
sistemas basados por simulación serán requeridos para todas las
fases de desarrollo de maquinaria, herramientas y de la propia ejecución de la
misión. Nuevos vehículos espaciales, sistemas de propulsión, residencia y sistemas de apoyo
a la vida humana, la producción de nuevas
energías y técnicas de construcción así como las nuevas
maneras de adquisición de materiales y energías en superficies ajenas
planetarias serán necesarios para
permitir la exploración económica y productiva humana del
espacio. Posiblemente el más importante de todos, es el
grado de autonomía de los equipos terrestres que nunca se
ha alcanzado en 40 años de vuelos espaciales.
Para
estudiar las complejas preguntas científicas que nos presenta el
sistema solar, se trabajará con grandes laboratorios que serán
equipados con instrumentos sofisticados. Sobre superficies
planetarias, microminiaturizadas, los nuevos sistemas de poder bajo deben
ser desarrollados para hacer el trabajo. Diferencias
fundamentales entre el espacio y la Tierra: la carencia de
gravedad, atmósferas inadecuadas, peligros de bajas temperaturas y de
radiación, desafían la capacidad tecnológica de proteger,
nutrir y sostener un equipo que explora el sistema solar.
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